¿Por qué 2015 es vital para América Latina?

El 2015 es importante para Latinoamérica porque en este año se acordará una nueva agenda global de desarrollo y se firmará un acuerdo climático mundial. Es fundamental enfrentar el cambio climático mediante acciones compatibles con objetivos económicos, sociales y competitivos.

Escribe:
Diego Arguedas, periodista especializado en energía y cambio climático.

Puede que 2015 sea cuando América Latina supere un estilo de desarrollo de siglo pasado. Es un estilo que ha dejado cosas buenas pero también crecimiento urbano descontrolado, dependencia de combustibles fósiles y una economía basada en las exportaciones de materias primas.

Motivos sobran para hacer la transición a un mejor modelo, los cuales van desde el descenso de los precios de las materias primas en los mercados mundiales hasta una ciudadanía más activa que exige mejores servicios y calidad de vida. Además, este año la comunidad internacional acordará una nueva agenda global de desarrollo y firmará un acuerdo climático mundial. Sea por razones domésticas o por impulsos internacionales, surge el imperativo de repensar el estilo de desarrollo en particular sus fuentes energéticas y las ciudades en que vivimos.

Es inherente a este replanteamiento la urgencia enfrentar el cambio climático compatibles mediante acciones compatibles con objetivos económicos, sociales y competitivos. En este contexto, la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) dedicó una semana para reflexionar sobre el cambio climático y sesión de un día al debate de estilos de desarrollo en nuestra región y Europa. En el debate en Santiago surgió la pregunta de si el modelo de desarrollo de siglo XX ha exacerbado el cambio climático, ¿podrá un nuevo paradigma atenuar sus impactos?

Por décadas se ha vuelto evidente que un modelo a base de energía fósil debilita el desarrollo a mediano y largo plazo. También hay cada vez más evidencia de que un futuro bajo en carbono y resiliente al cambio climático genera y preserva el desarrollo económico. Esto abre nuevas oportunidades.

“Atender el cambio climático no quiere decir detener el desarrollo, pero sí transformarlo. Lo bueno es que lo va a transformar en algo que va a perdurar; va a permitir crecer usando menos recursos, ser más resilientes al cambio y la variabilidad climática y ofrecer calidad de vida a la gente”, puntualizó a Nivela Ana María Majano, coordinadora de la red de desarrollo bajo en emisiones LEDS-LAC.

El informe New Climate Economy ofrece evidencia empírica en esa línea. A través de estudio global ha quedado demostrado que enfrentar el cambio climático—reducir emisiones y enfrentar los riesgos climáticos—es beneficioso para el crecimiento.

Hacer el giro

Dado que en los próximos 15 años se invertirán mundialmente cerca de 90 billones de dólares a nivel global en infraestructura en urbes, terrenos y sistemas de energía, el informe New Climate Economyresalta los beneficios de que esta inversión sea compatible con el clima. En América Latina la pregunta es ¿cómo invertiremos la porción que nos corresponde?

Carlos Ludena, especialista en cambio climático en el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) señala tres caminos para hacerlo: producción energética, patrones de consumo urbano y una matriz productiva propia.

Dejar los combustibles fósiles es rentable. “Según un estudio del BID, en América Latina los beneficios sociales y ambientales de incorporar grandes cantidades de energías renovables al sistema eléctrico de la región se estiman en alrededor de 29 centavos de dólar por kilovatio hora, lo cual excede ampliamente los costos adicionales de incorporar estas tecnologías al sistema eléctrico”, explicó Ludena a Nivela.

En energía y en otros temas clave, el botón mágico parece estar en las ciudades. América Latina es la segunda región más urbanizada del mundo (solo detrás de algunas ciudades en Estados Unidos) con una población urbana que representa al 79% de la población. Las principales son por lo tanto las mayores consumidoras de energía en nuestros países y más de las mitad de nuestras emisiones de gases de efecto invernadero.

En energía y en otros temas clave, el botón mágico parece estar en las ciudades

De la mano de la urbanización de América Latina, la pobreza ha disminuido en la última década (59% en el año 2000 a un 45% en 2010), especialmente en las ciudades, impulsado por el boom económico de las materias primas. Pero este estilo de desarrollo también nos hizo vulnerables: cuando los precios de los commodities bajaron, los ingresos se estancaron y dejamos de crecer. En 2015, América Latina crecerá apenas 0,5%.

Este año cada gobierno debe plantear su contribución nacional para el nuevo acuerdo climático a ser firmado en París. A medida que los países hacen un balance sus prioridades económicas y climáticas surgen nuevos cuestionamientos sobre el precio de los modelos extractivos: crean empleo pero también generan poco valor agregado a la economía, generan exportaciones pero también aumentan la vulnerabilidad social y ambiental de las comunidades en su entorno. Quizás el costo mayor es que nos amarran y hace dependiente del desarrollo insostenible.

De vuelta al ámbito urbano. La región despierta a la necesidad de repensar la ciudad en varias dimensiones de sus calles y aceras y hasta los servicios de recolección de basura y transporte público. Surge también la necesidad de reducir el uso del carro y promover más tranvías y ciclovías; el giro hacia un diseño de ciudades para las personas de forma que vean satisfechas sus necesidades de transporte, vivienda y agua. Además aumenta la conciencia de cómo el cambio climático le complicará la vida a la ciudad sino la transformamos a tiempo.

“No es posible pensar en escenarios de salida de la pobreza y construcción de prosperidad sobre la base de la destrucción del entorno, la falta de respuesta ante las vulnerabilidades climáticas o el expolio de agua, bosques o suelo”, explicó a Nivela Teresa Ribera, directora de IDDRI, un think tankfrancés.

A 2050, el BID estima que la tasa de urbanización latinoamericana llegará al 87%. En ese año necesitaríamos duplicar nuestra capacidad eléctrica instalada para satisfacer la demanda residencial e industrial. Y esto no se resolverá con combustibles fósiles, como el carbón y el gas natural, porque no es funcional: las economías serían más sucias y menos resilientes al cambio climático. Se necesita pensar en el largo plazo.

¿Qué sabemos sobre sobre 2050? Según el New Climate Economy, si las ciudades del mundo reducen sus emisiones de gases de efecto invernadero, éstas ahorrarían $17.000 millones para 2050. Es un mensaje nuevo que deberá calar en los ámbitos políticos, económicos y ciudadanos. Un modelo limpio nos ahorra problemas y beneficia la economía.

Este es un año clave para la toma de decisiones internacionales y domésticas. En 2015 América Latina marcará un hito en la medida en que integre el cambio climático en sus planes de largo plazo y los estilos de desarrollo permitan una transformación sostenible de nuestras ciudades. Si logramos esto, América Latina sería una mejor región rumbo a 2050 ¿Por qué posponer el giro?.

Nota originalmente publicada en Nivela 

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