Blog: Llegó el momento de las energías renovables en el Perú

El 16 de febrero de 2016 fue un día histórico, marca un antes y un después para las energías renovables en el Perú.

por Pipo Reiser - Generación +1 – @piporeiser

Esta historia comienza en el 2008, cuando, como parte de las negociaciones del Tratado de Libre Comercio entre Perú y los EEUU se promueve la “Ley de Promoción de la Inversión en Generación de Electricidad con Energías Renovables”, que colocó como meta alcanzar “hasta un 5%” de la electricidad del país mediante el uso de la energía renovable.  

La mencionada ley propuso  un esquema de subastas especiales para los “Recursos de Energía Renovables No Convencionales”
( que se están encaminando rápidamente a cambiar) es decir eólica, solar, geotérmica, biomasa, mareomotriz y aquellas hidroeléctricas con menos de 20 MW de capacidad instalada.

En las primeras subastas la competencia era aún escasa.  Los precios mucho más altos que los del mercado, y la oposición de los representantes del status quo, férrea. Tanto fue el disgusto que en la tercera subasta en el 2013 sólo permitieron a los postores presentar proyectos hidroeléctricos, dejando afuera todas las demás tecnologías.

Mientras en el Perú se le cerraban las puertas a las renovables, a pesar de que tenemos algunos de los mejores recursos, el resto del mundo progresó enormemente en su desarrollo. El precio de los sistemas fotovoltaicos disminuyó en 70% entre el 2009 y el 2015, y sigue cayendo. Similares desarrollos se han dado en las otras tecnologías, en mayor o menor medida.

Las renovables no se irán de Perú

El pasado 16 de febrero se adjudicó la tan esperada cuarta subasta, que dejó al país un mensaje muy claro: las energías renovables están aquí para quedarse, les guste o no. Para comenzar a entender la fuerza del mensaje, los postores presentaron 111 proyectos, de los cuales sólo se adjudicaron 13. Es decir, una oferta 8 veces mayor a la demanda requerida.

Pero fueron los precios ofertados el factor que trae el mayor potencial de disrupción al sector. En el caso de la energía eólica, Enel Green Power, con un sólo proyecto de 126 MW llamado Central Eólica Parque Nazca, se adjudicó toda la energía requerida a un precio de $37.83/MWh (megawatt-hora). Para entender la importancia de este precio, vale comparar con la segunda subasta, en agosto del 2011, en la que el precio más bajo se situó en $69/MWh. ¡Es decir una reducción de 45%!

En energía solar, la caída en el precio fue aún más impresionante. En la segunda subasta ganó la adjudicación el proyecto Moquegua FV con $119.90/MWh. El 16 de febrero, nuevamente Enel Green Power se adjudicó la Central Solar Rubí de 144 MW a $47.98/MWh. ¡Una reducción de 60%! Dicho sea de paso, esta será por lejos la central fotovoltaica de mayor tamaño del país.

También en las pequeñas hidroeléctricas se dieron muy buenos precios, y se dio una disminución de 21% con respecto al 2013, pasando de $50.50/MWh a $40/MWh.

Los proyectos adjudicados ahora tienen que estar construidos y operando a más tardar el 31 de diciembre de 2018, momento en el cual comenzarán a inyectar energía al Sistema Eléctrico Interconectado Nacional (SEIN).


Un futuro promisorio, con algunas barreras por superar

Instalación fotovoltaica en el Ministerio del Ambiente: liderando con el ejemplo.

Por todo lo descrito, la cuarta subasta puede haber marcado el inicio de la era de las energías renovables en el Perú. El argumento clásico en contra de las renovables–que el precio es demasiado alto y requieren subsidios– ha quedado efectivamente anulado, y la tendencia a la baja sólo continuará en los siguientes años al ganar las renovables mayor escala y progresar las tecnologías.

Asimismo, muchísimos proyectos quedaron en el aire, listos para ser ejecutados, y buscarán en el futuro entrar en funcionamiento, generando presión adicional para seguir aumentando la participación de renovables. A este ritmo, se puede pensar en organizar subastas “tecnología-neutrales”, en las que todas las tecnologías compitan a mano limpia. Evidentemente para esto habría que levantar el absurdo límite de 5% de participación de renovables en la matriz eléctrica, ya que estas pueden y deben rápidamente sobrepasar esta barrera imaginaria.

Uno de los pendientes más urgentes para cementar la transición hacia una matriz limpia es la implementación de un impuesto al carbono sobre las emisiones de CO2, un daño frecuentemente olvidado, a modo de sincerar el precio de la generación térmica, alta en emisiones.

Más aún, la señal de precios será un fuerte incentivo para que clientes libres empiecen a tentar la posibilidad de firmar contratos de suministro de energía directamente con generadores renovables, asegurándose un suministro estable, competitivo y libre de emisiones. Por supuesto que será necesario un cambio regulatorio que introduzca un mecanismo de reconocimiento de potencia firme a los generadores, o de otro lado el retiro del requisito de potencia firme para celebrar contratos de compra-venta de energía eléctrica.

Finalmente, está pendiente el paso más importante para que puedan florecer las energías renovables, para que puedan estas acercarse al ciudadano y que este pueda recuperar autonomía sobre sus decisiones energéticas: promulgar un buen reglamento de generación distribuida.

Esta norma permitiría que cualquier usuario conectado a la red genere su propia electricidad, priorizando el auto-consumo e inyectando los excedentes a la red, a modo de pagar solamente la parte que no se haya podido cubrir con la generación propia. Esto debería permitirse no sólo para un usuario, sino también a los grupos, permitiendo por ejemplo que estos puedan instalar sistemas comunitarios fotovoltaicos con conexión a la red.

El 16 de febrero en el Perú se reafirmó que la transición hacia una matriz energética limpia es necesaria, inminente e irreversible, que los argumentos en su contra son cada vez más débiles y que se abren oportunidades cada vez más tangibles para transformar un sector clave para encaminar al país hacia el desarrollo sostenible.

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Sobre el autor: Pipo Reiser es un emprendedor, explorador y activista de raíces peruano-alemanas. Es Co-Fundador de Sinba, una empresa social que desarrolla modelos de agricultura regenerativa a partir de la transformación de desechos orgánicos. También está a cargo del Laboratorio +1, un programa de Generación +1 que busca impulsar emprendimientos que contribuyan al desarrollo sostenible y regenerativo en Perú.

Foto: Yi-Liang Liu

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